Kiraboshi (綺羅星) significa «estrella resplandeciente». Así llamaba la abuela Hana a las luciérnagas que iluminaban el jardín del templo familiar en Kioto, donde el maestro Hiroshi Tanaka aprendió, entre lámparas de papel y cerezos, que cocinar es otra forma de rezar.
En 2012 el maestro cruzó el océano con tres cosas: su cuchillo yanagiba, la receta secreta del caldo tonkotsu y un puñado de semillas de cerezo. Hoy, ese cerezo florece en nuestro patio de Palermo, y cada plato que servimos busca lo mismo que aquellas luciérnagas: encender una pequeña estrella en quien lo prueba.
— 田中 寛, maestro itamae